La
vida está llena de pequeños detalles, de sencillos momentos, que no por su
humildad dejan de ser grandes y únicos. La vida merece ser vivida con corazón
agradecido, dejándose sorprender… y dejándose querer. ¡Cuántas veces dejamos
escapar preciosos instantes de felicidad que apenas rozan, como brisa, nuestro ser…!
Hoy
es día de abrir el corazón, de dar gracias, de compartir la dicha de sentirse
Consagrada y junto a otros muchos hermanos y hermanas ser Iglesia viva en medio
del mundo.
La
Vida Religiosa merece la pena, en medio de la entrega silenciosa de cada día…
Son esos pequeños detalles los que nos lo recuerdan y, de vez en cuando, esos
regalos que vienen como caídos del cielo, estrellas fugaces que iluminan
nuestra misión.
¡Cuántas
veces te enseñamos a decir gracias! ¡Cuántas veces te hablamos de gratuidad!
¡Cuántas veces te dijimos: “Que todos puedan ver que te has educado en una Casa
de María Inmaculada”!
Mereció
la pena, ¡claro que sí! Y hoy eres tú, alumno, exalumno concepcionista, quien
refleja este Carisma en uno y mil detalles, sencillos y pequeños, decimos…,
pero de gran valor.
Gracias
por esta preciosa carta, por este maravilloso vídeo… Gracias especiales a
quienes lo han pensado y lo han realizado… Pero GRACIAS A TODOS, porque lo
envían en vuestro nombre. Junto a Carmen Sallés os decimos: “Sois nuestro mejor
regalo… Nuestros pedacitos de cielo en la tierra”.
¡Alegraos
con nosotras en este día de la Vida consagrada!, porque sois una parte
importante de la fiesta, quiénes hacéis posible y feliz nuestra misión.
A través de este vídeo, que contiene el texto de una carta, unas alumnas y exalumnas, nos han querido felicitar a todas las Concepcionistas. ¡GRACIAS!
CARTA A LAS
RELIGIOSAS CONCEPCIONISTAS:
Hola Madre,
No sé tu
nombre, ni tu destino, ni tu edad…Probablemente, aunque me estés leyendo no te
conozca en persona, y tú tampoco sepas de mi existencia; sin embargo, te debo
muchísimo. Por eso, me aventuro y me dirijo a ti con todo el cariño que soy capaz,
pronunciando esas dos sílabas que significan tanto para mí: “madre”.
Quiero
agradecer tu labor sea cual sea dentro de la congregación, hayas o no
coincidido conmigo. Gracias por la gratuidad de tu servicio, gracias por ser
luz en un mundo lleno de penumbra que apenas valora la misión que seguís
haciendo presente y que a tantos jóvenes llega… ¿Llega? Me parece que me quedo
corto. Llega, llena, da sentido, y, y, y… El gracias más sincero y grande se
queda pequeño porque las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir
desborda el alma.
Podrás deducir que he crecido entre las cuatro paredes de uno
de vuestros colegios… Y hoy soy incapaz de echar la vista atrás sin sonreír al
ver que junto a cada uno de mis pasos sigue habiendo huellas. Quizá son las
tuyas o quizá no… pero seguro que compartían ese carisma que me habéis
inculcado, ese “aire de familia concepcionista”. Es tan importante tu tarea…
Gracias por educar desde el corazón, sin pretender ser perfecta, dándote por
completo a cada uno de tus alumnos de formas tan diversas. Gracias por
responder como M. Carmen a ese gran proyecto de vida: Seguir adelante siempre
adelante confiando plenamente en la Divina Providencia.
Fdo: Un alumn@